En la gran ciudad hay millones de personas que viven, trabajan y buscan la felicidad. Hay menos matrimonios y gran parte de estos fracasan en los primeros cinco años. Hay parejas y más personas viviendo solas; sin embargo las encuentas coinciden, el máximo anhelo de la mayoría es encontrar el amor. ¿Es posible que lo que impide encontrar el amor sea justamente nuestra búsqueda desesperada? ¿Será posible que al estar ocupados en buscar, perdimos la capacidad de encontrar? ¿Será que vivimos el amor bajo la primisia histérica de: deseo en tanto no soy deseado? ¿Y si lo que buscamos no existe? No se quien soy, llega un punto que no se quien soy. No se si soy lo que muestro, que es la divina, la glamorosa y la amorosa o si soy lo que escondo. Somos las dos, todos somos geminianos, sujeto dividido. Queremos una cosa y hacemos lo opuesto. ¿Y por qué hacemos eso? Quien sabe..es la naturaleza humana. El más contenido tiene su cara desatada y el más bueno su cara bestial. Esa dualidad nos da volúmen, no somos plano de una sola cara. Una de esas fuerzas ocultas va a ganar en algún momento y cuando pase eso, se va a definir quien somos de verdad. A veces en el acto de odiar, amamos y en el acto de rechazar, deseamos. Porque aunque no lo soportemos, somos contradictorios. La contradicción nos mantiene vivos, nos hace avanzar. Si no mirame a mi..te amo te odio todo el día. Está bien sentir esa envidia y ese amor que sentís, porque esa envidia te va a hacer crecer y ese amor va a estar por siempre y eso es lo que importa, o no? Una parte nuestra dice si y la otra no, y en esa contradicción está la vida.
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